Matutina, 30 de Diciembre

Mat30deDiciembre

Oración Matutina Diaria

He aquí les doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. San Lucas 2:10, 11

Invitatorio y Salterio

Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca proclamará tu alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. ¡Aleluya!

Venite   Salmo 95:1-7

Vengan, cantemos alegremente al Señor; *

aclamemos con júbilo a la Roca que nos salva.

Lleguemos ante su presencia con alabanza,  *

vitoreándole con cánticos;

Porque el Señor es Dios grande, *

y Rey grande sobre todos los dioses.

En su mano están las profundidades de la tierra, *

y las alturas de los montes son suyas.

Suyo el mar, pues él lo hizo, *

y sus manos formaron la tierra seca.

Vengan, adoremos y postrémonos; *

arrodillémonos delante del Señor nuestro Hacedor;

Porque él es nuestro Dios;

nosotros el pueblo de su dehesa, y ovejas de su mano. *

¡Ojalá escuchen hoy su voz!

¡Aleluya! Un niño nos es nacido: vengan y adorémosle. ¡Aleluya!

Salmo 20

Que Dios te escuche en el día de asedio, *

el Nombre del Dios de Jacob sea tu baluarte;

Te envíe ayuda desde su santuario, *

y te sostenga desde Sión;

Haga memoria de todas tus ofrendas, *

y acepte tu holocausto;

Te dé conforme al deseo de tu corazón, *

y cumpla todos tus designios.

Nos alegraremos en tu victoria,

y alzaremos pendón en Nombre de nuestro Dios; *

que el Señor conceda todas tus peticiones.

Ahora sé que el Señor ha dado la victoria a su ungido; *

lo ha escuchado desde su santo cielo

con la fuerza victoriosa de su diestra.

Unos confían en carros de guerra, y otros en caballos, *

mas nosotros invocaremos el Nombre del Señor nuestro Dios.

Ellos se hunden y caen, *

mas nosotros nos levantamos y estamos de pie.

Otorga victoria al rey, oh Señor, *

y escúchanos cuando te invocamos.

Salmo 21 

El rey se alegra en tu poder, oh Señor; *

en tu victoria, ¡cómo se goza!

Le has concedido el deseo de su corazón, *

y no le negaste la petición de sus labios.

Pues le has salido al encuentro

con bendiciones de prosperidad; *

corona de oro fino has puesto sobre su cabeza.

Vida te demandó, y se la diste: *

largura de días, por los siglos de los siglos.

Grande es su gloria por tu victoria, *

honra y majestad has puesto sobre él;

Porque lo bendecirás para siempre; *

lo llenarás de alegría con tu presencia.

Por cuanto el rey confía en el Señor, *

y en la misericordia del Altísimo no será conmovido.

Alcanzó tu izquierda a todos tus enemigos, *

tu diestra alcanzó a los que te aborrecen.

Los pusiste como en horno ardiente, *

en el tiempo de tu ira, oh Señor.

Los deshiciste en tu furor; *

el fuego los consumió.

Su fruto destruiste de la tierra, *

y su descendencia de entre los pueblos;

Porque intentaron el mal contra ti; fraguaron maquinaciones; *

mas no prevalecían.

Pues tú los pusiste en fuga; *

en tus cuerdas dispusiste saetas contra sus rostros.

Ensálzate, oh Señor, en tu poder; *

cantaremos y alabaremos tu poderío.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *

como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Isaías 25:1-9

Señor, tú eres mi Dios; 

yo te alabo y bendigo tu nombre, 

porque has realizado tus planes admirables, 

fieles y seguros desde tiempos antiguos. 

Has convertido las ciudades en montones de piedras, 

las ciudades fortificadas en ruinas; 

destruiste los palacios de los enemigos, 

y no serán reconstruidos jamás. 

Por esto un pueblo violento te honra, 

las ciudades de gente cruel te temen. 

Porque tú has sido un refugio para el pobre, 

un protector para el necesitado en su aflicción, 

refugio contra la tempestad, 

sombra contra el calor. 

El aliento de los hombres crueles 

es como una tempestad de invierno, 

o como el calor en tierra seca. 

Tú dominas el tumulto de los enemigos 

como calmas el calor con la sombra de una nube. 

Tú obligas a los hombres crueles a guardar silencio. 

En el monte Sión, el Señor todopoderoso 

preparará para todas las naciones 

un banquete con ricos manjares y vinos añejos, 

con deliciosas comidas y los más puros vinos. 

En este monte destruirá el Señor 

el velo que cubría a todos los pueblos, 

el manto que envolvía a todas las naciones. 

El Señor destruirá para siempre la muerte, 

secará las lágrimas de los ojos de todos 

y hará desaparecer en toda la tierra 

la deshonra de su pueblo. 

El Señor lo ha dicho. 

En ese día se dirá: 

“Este es nuestro Dios, 

en él confiamos y él nos salvó. 

Alegrémonos, gocémonos, él nos ha salvado.”

Cántico de Moisés    Cantemus Domino

Exodo 15:1-6, 11-13, 17-18

Cantaré al Señor, porque es excelso y sublime; *

caballos y jinetes ha arrojado en el mar.

Mi fuerza y mi refugio es el Señor; *

él se hizo mi Salvador.

El es mi Dios; yo lo alabaré; *

el Dios de mis padres; yo lo ensalzaré.

El Señor es valiente en la batalla: *

su Nombre es YAHVÉ.

Los carros de Faraón y su ejército precipitó en el mar; *

lo mejor de los escuderos se lo tragó el Mar Rojo.

Los cubrió el abismo; *

hasta el fondo cayeron como piedra.

Tu diestra, Señor, es gloriosa en su fuerza; *

tu diestra, Señor, aplasta al enemigo.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?

¿Quién como tú, glorioso en santidad, *

venerado por sus hazañas loables, hacedor de maravillas?

Tendiste tu diestra; *

se los tragó la tierra.

Guiaste con tu misericordia al pueblo rescatado: *

lo llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

Lo introduces y lo plantas *

en el monte de tu heredad,

El lugar de descanso que te has preparado, *

el santuario, Señor, que tus manos fundaron.

El Señor reinará *

ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *

como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Apocalipsis 1:9-20

Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. Y sucedió que en el día del Señor quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, que me decía: “Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.” Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre, vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. Sus cabellos eran blancos como la lana, o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada. En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor. Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: “No tengas miedo; yo soy el primero y el último, y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.

Cántico de los Redimidos    Magna et mirabilia

Apocalipsis 15:3-4

Grandes y asombrosas son tus obras, *

Señor Dios, Rey del universo;

Justos y fidedignos tus caminos, *

oh Rey de los siglos.

¿Quién no te acatará y bendecirá tu Nombre? *

Tú sólo eres el Santo.

Todas las naciones vendrán y se postrarán ante ti, *

Pues tus hechos justos se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *

como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso,

creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.

Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo

y nació de la Virgen María.

Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.

Fue crucificado, muerto y sepultado.

Descendió a los infiernos.

Al tercer día resucitó de entre los muertos.

Subió a los cielos,

y está sentado a la diestra de Dios Padre.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,

la santa Iglesia católica,

la comunión de los santos,

el perdón de los pecados,

la resurrección de los muertos,

y la vida eterna. Amén.

Plegarias

Padre nuestro que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre,

venga tu reino,

hágase tu voluntad,

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en tentación

y líbranos del mal.

Porque tuyo es el reino,

tuyo es el poder,

y tuya es la gloria,

ahora y por siempre. Amén.

A

V. Señor, muéstranos tu misericordia;

R. Y concédenos tu salvación.

V. Reviste a tus ministros de justicia;

R. Que cante tu pueblo de júbilo.

V. Establece, Señor, la paz en todo el mundo;

R. Porque sólo en ti vivimos seguros.

V. Protege, Señor, a esta nación;

R. Y guíanos por la senda de justicia y de verdad.

V. Que se conozcan en la tierra tus caminos;

R. Y entre los pueblos tu salvación.

V. Señor, que no se olvide a los necesitados;

R. Ni se arranque la esperanza a los pobres.

V. Señor, crea en nosotros un corazón limpio;

R. Y susténtanos con tu Santo Espíritu.

Dios todopoderoso, tú has derramado sobre nosotros la nueva luz de tu Verbo encarnado: Concede que esta luz, que arde en nuestro corazón, resplandezca en nuestra vida; mediante nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, conocerte es vida eterna, y servirte, plena libertad: Defiende a estos tus humildes siervos de todos los asaltos de nuestros enemigos; para que, confiados en tu protección, no temamos la fuerza de ningún adversario; por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Señor Jesucristo, tú extendiste tus brazos amorosos sobre el cruel madero de la cruz, para estrechar a todos los seres humanos en tu abrazo salvador: Revístenos con tu Espíritu de tal manera que, extendiendo nuestras manos en amor, llevemos a quienes no te conocen a reconocerte y amarte; por el honor de tu Nombre. Amén.

Puede seguir intercesiones y acciones de gracias

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos diste la gracia para unirnos en este momento, a fin de ofrecerte nuestras súplicas en común; y que, por tu muy amado Hijo, nos prometiste que, cuando dos o tres se congregan en su Nombre, tú estarás en medio de ellos: Realiza ahora, Señor, nuestros deseos y peticiones como mejor nos convenga; y concédenos en este mundo el conocimiento de tu verdad y en el venidero, la vida eterna. Amén.

Bendigamos al Señor.

Demos gracias a Dios.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos nosotros, ahora y siempre. Amén. 2 Corintios 13:14

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