Matutina, el Martes de la séptima semana después la Epifanía

MatMarEpif7

Oración Matutina Diaria

Andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. Isaías 60:3

Invitatorio y Salterio

Señor, abre nuestros labios.

Y nuestra boca proclamará tu alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: 

como era en el principio, ahora y siempre, 

por los siglos de los siglos. Amén. ¡Aleluya!

El Señor ha manifestado su gloria:  vengan y adorémosle.

Venite  Salmo 95:1-7

Vengan, cantemos alegremente al Señor; *

aclamemos con júbilo a la Roca que nos salva.

Lleguemos ante su presencia con alabanza,  *

vitoreándole con cánticos;

Porque el Señor es Dios grande, *

y Rey grande sobre todos los dioses.

En su mano están las profundidades de la tierra, *

y las alturas de los montes son suyas.

Suyo el mar, pues él lo hizo, *

y sus manos formaron la tierra seca.

Vengan, adoremos y postrémonos; *

arrodillémonos delante del Señor nuestro Hacedor;

Porque él es nuestro Dios;

nosotros el pueblo de su dehesa, y ovejas de su mano. *

¡Ojalá escuchen hoy su voz!

Salmo 121

Levanto mis ojos a los montes; *

¿de dónde vendrá mi socorro?

Mi socorro viene del Señor, *

que hizo los cielos y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie, *

ni se dormirá el que te guarda.

He aquí, el que guarda a Israel *

no se adormecerá ni dormirá.

El Señor es tu guardián, *

el Señor es tu sombra a tu diestra.

El sol no te hará daño de día, *

ni la luna de noche.

El Señor te guardará de todo mal; *

él guardará tu vida.

El Señor guardará tu salida y tu entrada, *

desde ahora y para siempre.

Salmo 122

Me alegré cuando me dijeron: *

“Vamos a la casa del Señor”.

Ya están pisando nuestros pies *

tus umbrales, oh Jerusalén.

Jerusalén está edificada *

como ciudad bien unida entre sí.

Allá suben las tribus, las tribus del Señor,

la asamblea de Israel, *

para alabar el Nombre del Señor;

Porque allá están los tronos del juicio, *

los tronos de la casa de David.

Oren por la paz de Jerusalén: *

“Que prosperen los que te aman.

Haya paz dentro de tus muros, *

sosiego dentro de tus ciudadelas.

Por amor de mis hermanos y mis compañeros, *

digo de corazón: ‘La paz contigo’.

Por amor de la casa del Señor nuestro Dios, *

buscaré hacerte el bien”.

Salmo 123

A ti levanto mis ojos, *

a ti entronizado en los cielos.

Así como los ojos de los siervos

miran a las manos de sus señores, *

y los ojos de la sierva

a la mano de su señora,

Así nuestros ojos miran al Señor nuestro Dios, *

hasta que tenga misericordia de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, oh Señor, ten misericordia, *

porque estamos hartos de desprecio,

Hartos del escarnio de los ricos indolentes, *

del menosprecio de los orgullosos.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Las Lecciones

Proverbios 4:1-27

Hijos, escuchen la enseñanza de un padre, estén atentos para conocer la verdad. Les doy un saber bueno, no rechacen mi enseñanza. Yo mismo fui un hijo dócil con mi padre, el hijo regalón de mi mamá; él me instruía entonces en estos términos: “¡Recuerda bien mis palabras; sigue mis consejos y vivirás! ¡Busca la sabiduría! ¡Hazte inteligente! No olvides lo que te digo, no menosprecies mis palabras. Si no abandonas la sabiduría, ella te protegerá; ámala y velará por ti. El principio de la sabiduría es correr tras ella; ¡busca la inteligencia a cambio de todo lo que tienes! Elígela, te exaltará; apégate a ella, te honrará. Pondrá en tu cabeza una magnífica diadema, te regalará una corona de gloria”. Atiéndeme, pues, hijo mío, toma en serio mis palabras, y vivirás largos años. Cuando te haya enseñado los caminos de la sabiduría, cuando haya orientado tu ruta, caminarás sin vacilar y correrás sin miedo a caerte. Conserva mi disciplina, no la dejes: guárdala y vivirás. ¡Pero no tomes el camino de los malvados, no vayas por el sendero de los malos! Evítalos, apártate de ellos; anda por otro camino y pasa lejos. Porque no pueden dormir si no hacen el mal; no descansan en tanto no le hayan hecho daño a alguien. El crimen se volvió su pan, y la violencia, el vino de que tienen sed. El camino de los justos es como la luz de la aurora, cuyo brillo va creciendo hasta el mediodía. Pero el camino de los malvados es sólo oscuridad; no saben cómo será su caída. ¡Hijo, pon atención a mis palabras, oye bien mis discursos! Tenlos presentes en el espíritu, guárdalos en lo más profundo de tu corazón. Porque son vida para el que las acoge, son un remedio para el cuerpo. Ante todo vigila tu corazón, porque en él está la fuente de la vida. Rechaza cualquier lenguaje perverso, abstente de cualquier mentira. Que tus ojos miren de frente, que tu mirada sea franca. Tantea primero el suelo bajo tus pies, para que tu andar sea seguro. No te vuelvas a derecha ni a izquierda, sino que aléjate del mal.

Cántico de Alabanza   Benedictus es, Domine

Daniel (dc) 3:26, 52-56

Bendito eres tú, Señor Dios de nuestros padres; *

digno de alabanza, eres bendito.

Bendito el fulgor de tu santo Nombre, *

alabado y exaltado sobre todo para siempre.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria, *

en el trono de tu reino eres bendito.

Bendito eres, sentado sobre querubines, *

alabado y exaltado sobre todo para siempre.

Bendito tú, que sondeas los abismos; *

en la bóveda celeste eres bendito.

Bendito tú: Padre, Hijo y Espíritu Santo, *

alabado y exaltado sobre todo para siempre.

1 Juan 4:7-21

Queridos míos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, pues Dios es amor. Miren cómo se manifestó el amor de Dios entre nosotros: Dios envió a su Hijo único a este mundo para que tengamos vida por medio de él. En esto está el amor: no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos mutuamente. A Dios no lo ha visto nadie jamás; pero si nos amamos unos a otros, Dios está entre nosotros y su amor ha llegado a su plenitud en nosotros. Y ¿cómo sabemos que permanecemos en Dios y él en nosotros? Porque nos ha comunicado su Espíritu. Pero también hemos visto nosotros y declaramos que el Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo. Quien confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Por nuestra parte, hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es amor: el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. Cuando el amor alcanza en nosotros su perfección, miramos con confianza al día del juicio, porque ya somos en este mundo como es El. En el amor no hay temor. El amor perfecto echa fuera el temor, pues hay temor donde hay castigo. Quien teme no conoce el amor perfecto. Amemos, pues, ya que él nos amó primero. Si uno dice «Yo amo a Dios», y odia a su hermano, es un mentiroso. Si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Pues éste es el mandamiento que recibimos de él: el que ama a Dios, ame también a su hermano.

Cántico al Cordero   Dignus es

Apocalipsis 4:11; 5:9-10, 13

Digno es, Señor nuestro Dios, *

atribuirte la gloria, el honor y el poder;

Porque tú has creado el universo, *

y por tu voluntad existió y fue creado.

Y digno es atribuir lo mismo a ti, Cordero inmolado, *

porque con tu sangre compraste para Dios,

De toda raza, lengua, pueblo y nación, *

un reino de sacerdotes para servir a nuestro Dios.

Por tanto, al que está sentado en el trono, *

y a Cristo el Cordero,

Sean adoración y honor, gloria y señorío, *

por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso,

creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.

Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo

y nació de la Virgen María.

Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.

Fue crucificado, muerto y sepultado.

Descendió a los infiernos.

Al tercer día resucitó de entre los muertos.

Subió a los cielos,

y está sentado a la diestra de Dios Padre.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,

la santa Iglesia católica,

la comunión de los santos,

el perdón de los pecados,

la resurrección de los muertos,

y la vida eterna. Amén.

Plegarias

Padre nuestro que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre,

venga tu reino,

hágase tu voluntad,

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en tentación

y líbranos del mal.

Porque tuyo es el reino,

tuyo es el poder,

y tuya es la gloria,

ahora y por siempre. Amén.

A

V. Señor, muéstranos tu misericordia;

R. Y concédenos tu salvación.

V. Reviste a tus ministros de justicia;

R. Que cante tu pueblo de júbilo.

V. Establece, Señor, la paz en todo el mundo;

R. Porque sólo en ti vivimos seguros.

V. Protege, Señor, a esta nación;

R. Y guíanos por la senda de justicia y de verdad.

V. Que se conozcan en la tierra tus caminos;

R. Y entre los pueblos tu salvación.

V. Señor, que no se olvide a los necesitados;

R. Ni se arranque la esperanza a los pobres.

V. Señor, crea en nosotros un corazón limpio;

R. Y susténtanos con tu Santo Espíritu.

Oh Señor, tú nos has enseñado que todo lo que hacemos sin amor es de ningún valor: Envía tu Espíritu Santo, y derrama en nuestros corazones tu excelentísimo don, que es el amor, el vínculo verdadero de la paz y de todas las virtudes, sin el cual todos aquéllos que viven son considerados como muertos ante ti. Concédenos esto, por amor de tu único Hijo Jesucristo, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén.

Oh Dios, autor de la paz y amante de la concordia, conocerte es vida eterna, y servirte, plena libertad: Defiende a estos tus humildes siervos de todos los asaltos de nuestros enemigos; para que, confiados en tu protección, no temamos la fuerza de ningún adversario; por el poder de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Señor Jesucristo, tú extendiste tus brazos amorosos sobre el cruel madero de la cruz, para estrechar a todos los seres humanos en tu abrazo salvador: Revístenos con tu Espíritu de tal manera que, extendiendo nuestras manos en amor, llevemos a quienes no te conocen a reconocerte y amarte; por el honor de tu Nombre. Amén.

Puede seguir intercesiones y acciones de gracias

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos diste la gracia para unirnos en este momento, a fin de ofrecerte nuestras súplicas en común; y que, por tu muy amado Hijo, nos prometiste que, cuando dos o tres se congregan en su Nombre, tú estarás en medio de ellos: Realiza ahora, Señor, nuestros deseos y peticiones como mejor nos convenga; y concédenos en este mundo el conocimiento de tu verdad y en el venidero, la vida eterna. Amén.

Bendigamos al Señor.

Demos gracias a Dios.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos nosotros, ahora y siempre. Amén. 2 Corintios 13:14

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